martes, 12 de octubre de 2010

Pequeñaja


Hoy es un día especial. Lo que para muchos no es más que un 12 de Octubre, para ti es el primer día del mundo, de tu vida. Sólo quería darte la bienvenida, enanita, tú que siendo tan pequeña has causado tanto revuelo a toda la familia. Tú que, inocente y ajena, duermes en una cuna cualquiera, de una habitación perdida en un hospital corriente y moliente. Tú que todavía ignoras los sufrimientos y las maldades de este mundo en el que te ha tocado vivir, tú que yaces plácidamente entre sábanas de miel, tú que sueñas, que desconoces, que vuelas entre las nubes. Para ti, María José, es para quien escribo esta carta; para que ahora que tu vida comienza sepas disfrutarla y enfrentarla; afrontar todos los obstáculos que se te pongan por delante, superar todas las barreras que te impidan levantarte, todas y cada una de las veces que te caigas, porque te advierto que serán muchas, aunque también serán muchas las veces que sonrías, que imagines, que sueñes; y muchos serán tus proyectos y tus deseos y tus miedos, como mucho será lo que te querremos todos, pequeñaja. Y muchas serán las ocasiones que seas feliz en este viaje, en este camino. Aprovéchalo bien, porque si no nunca podrás volver atrás para cambiarlo, y te aseguro que si lo intentas, valdrá la pena. Todos tus esfuerzos y sufrimientos se verán recompensados algún día, aunque te parezca que no hay nada justo o lógico o bueno en este globo hostil, que te puedo jurar que sí lo hay. Que la bondad, la esperanza y la solidaridad nunca morirán en La Tierra, y tendrás tiempo para comprobarlo, cielo, no te preocupes por eso. Yo sólo quiero que sepas que estaré ahí para lo que necesites. Cualquier cosa, mengaja, cualquier cosa que te haga falta, pongo a Dios por testigo que la encontraré. Aunque tenga que mover cielo y tierra para hacerlo, te prometo que lo haré.

Porque sólo quiero que puedas ser feliz.
Te Quiero, pequeña.

lunes, 11 de octubre de 2010

El ocaso de una estación

Y al marcharse, comprobé mi lista de conectados en el chat de Tuenti. Mi plan B se había esfumado. Y fue entonces cuando lo comprendí todo. Las galletas de la fortuna, las canciones, TODO. Por lo general, la vida no te ofrece segundas oportunidades; o te subes al tren cuando pasa o te quedas plantado en la estación. La respuesta que tanto había buscado estaba en mi interior, y ahora sólo me quedaba aceptarla. Y por último, pero no más importante, la felicidad debía buscarla día a día, y no vivir pensando en lo que habría podido haber pasado si hubiese subido a ese tren.

Es bonito ver un mismo paisaje desde distintos trenes, pero quizás es más bonito sentarse en la estación a ver esos trenes pasar.

sábado, 9 de octubre de 2010

12 horas sin el tiempo


El tiempo se había quedado detenido en aquella habitación. Apenas había ocurrido ningún cambio en las 12 horas anteriores. Ni siquiera yo había sufrido el paso del tiempo. Debería tener la muñeca hinchada y entumecida por llevar el reloj, pero nada, no le ha sucedido nada. El reloj no se ha parado, pero el paso del tiempo sí. O quizás el tiempo ha seguido corriendo ahí afuera y sólo se le ha olvidado pasar a por mí. ¿Y si el tiempo sólo está jugando conmigo? Debe ser aburrido estar toda la eternidad solo, viendo a los demás hacer sus vidas, cumplir o destrozar sus sueños, porque la forma más fácil de huir es dejarlo todo al tiempo, "el tiempo dirá", "dale tiempo", "tiempo al tiempo"; es lógico que el tiempo esté saturado, cualquiera lo estaría, por eso le perdono que se haya olvidado de mí, o quizás debería ser al revés, que él me perdonase a mí por darle tanto trabajo y tratar de que todos mis problemas fuesen solucionados por el arte mágico del tiempo. Así que el tiempo debe haber jugado conmigo para que yo no juegue más con él. Pobrecillo. Menos mal que siempre lo acompaña el espacio, si no, la eternidad debe ser muy aburrida. Supongo que estará cansado de controlar todos los mundos, de escuchar tontas elucubraciones acerca de su paso, de su existencia; harto de crecer continuamente, sin la esperanza de volver hacia atrás, expandiéndose en el universo, sabiendo que llegará a un punto donde ya nunca pueda expandirse y todo tenga que acabar o sabiendo que al acabar cualquier existencia, otra nueva empieza, algo nace cuando algo muere, y sabiendo eso, quizá muera en paz, aunque tenga conciencia de llevarse consigo todos los mundos que controla para volver a verlos nacer. Cuán noble es el tiempo, se enfrenta a su final sin sentir miedo de dónde irá o en qué se transformará o si dejará de existir nunca jamás y el universo muriese con su ausencia.

Qué difícil debe ser que todo dependa de ti. Y qué fácil es dejárselo todo al tiempo.