sábado, 25 de septiembre de 2010

Una interminable partida


Y es que de repente nos quedamos sin aire, porque para ti mis sueños de salvar al mundo no significan nada. Para ti, el mundo se acaba detrás de mí. Existen otras nociones, esparcidas en la dimensión espacio-tiempo conocida como mundo contemporáneo, sin embargo, desde tu punto de vista son utopías, sueños y otros proyectos sin importancia. Para ti, la vida no tiene sentido sin mí. Pero sabes que yo no siento lo mismo. Sabes que mi felicidad no estará completa tan solo con tu presencia, sino que tengo que ayudar a quienes más lo necesitan para sentirme viva. No puedo relegarme a existir disfrutando de tus millones en un plano bucólico ambientado en la familia perfecta. Ya no puedo. Quizá habría podido si no hubiese en el mundo desigualdad, injusticia y guerra. Quizá. Pero dado que permanecen entre los seres humanos, me dedicaré a combatirlos. Por mucho que digan que es imposible acabar con los males que corrompen la sociedad. Por mucho que te obstines a creer que no se puede combatir el mal (OJO: Combatir, no derrotar, que yo no digo que sea posible erradicarlo, pero sí mantenerlo a raya). Digas lo que digas, sabes que me da igual. Me gustaría que tuvieras un poquito más de optimismo, pero qué le vamos a hacer, tú tienes tus ideales, al igual que yo los míos, así que no me obligues a elegir, porque puede que no elija lo que tú quieres.

Ya sabes, dicen que vale la pena sacrificarse por aquello que quieres.

Caballo blanco a C3.

Mueves tú.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La sombra

Cuando entré en la habitación, estaba en un rincón. Entre las sombras. Sentí sus ojos clavados en mi espalda. De repente, la puerta se cerró. Mi cuerpo golpeó el suelo. El aire se tornó humo. La pared, fuego.
Desperté. Me sentí empapada. Todo era blanco y él no estaba.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Esto es para ti


Ha llegado el momento. Tengo que decirte adiós. Ya sé que no será definitivo, que seguiré viéndote pasar por mi lado e intercambiaremos sueños entre nuestras burbujas, pero nada volverá a ser igual, y lo sabes. Semanas separadas han bastado para alejarnos. El camino que elegimos, paso a paso, nos está distanciando poco a poco, cual lastre se arrastra en el zapato al andar. Te he visto crecer, junto a mí, descubriendo el mundo cogidas de la mano. Siempre hemos estado juntas, compañeras inseparables de este viaje. Nos hemos enfadado y peleado, para más tarde volver juntas a jugar. Hemos puesto el mundo patas arriba, para luego volverlo a arreglar. Desde casi antes de hablar, hemos estado unidas, y ahora, míranos ahora, con un montón de sueños y proyectos por los que luchar y volver a luchar. No puedo creer que esas niñas pequeñas y revoltosas sean ahora jóvenes emprendedoras y valientes, dispuestas a conseguir toda la felicidad que nos podría brindar esta corta vida. Aunque parezca increíble, hemos madurado. Y aunque intente fingir que no me importa, que nos vendrá bien esta situación, que no nos pasará nada porque seguiremos viéndonos a diario, sabes bien que eso no es verdad. Que me encantaría estar contigo 27 horas diarias, si es preciso, trabajando duro, muriendo poco a poco, pero juntas, por siempre y para siempre, como en los tiempos que pasan a mi alrededor y ya van siendo viejos, como estos instantes que nunca volveremos a vivir, y que echaré de menos, aunque no me veas llorar, aunque me veas feliz o sumida en la vorágine de las clases diarias, dejándome llevar en este torrente que nos une y nos separa a su antojo, porque, en realidad, lo único que nos queda es fingir que todo va bien y que nada nos importa, que podemos seguir como si nada hubiese ocurrido, aunque sepamos que una parte de nuestro interior muere del frío de la ausencia. Te echaré de menos, compañera. Pero, ¿sabes? En el fondo, debajo de todo el dolor de la distancia, ahí oculto, hay como un pensamiento, una flor, una estrella, una sensación de que aunque no pueda verte, sé que estarás allí, y que si te llamo, vendrás corriendo a buscarme, con cielo, mar y tierra de por medio. Sé que moverías montañas por darme tu ayuda, de la misma forma que yo moriría diez veces por salvar tu vida. Y después de todo, esto es lo que nos queda. Te quiero, amiga, compañera.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El juego del escondite



Hoy, tras parar la tormenta, he descubierto que necesito la oscuridad. Una oscuridad tan negra, penetrante y profunda que me permita imaginar tu silueta junto a la mía, enlazando tus recuerdos con los míos, inventándonos un presente que nunca será real. Te necesito, de la misma forma que me hacen falta esos encuentros prohibidos entre nosotros; como sé que también te hacen falta a ti. Hoy, una única y fugaz mirada tuya me hará sentir viva durante semanas, meses, o quien sabe cuánto tiempo hasta que me olvide de tu nombre y nuestro destino me lo quiera recordar. Desearía ser pequeña, una niña, para poder revivir esos instantes de verdadera felicidad a tu lado. Nuestros juegos, nuestras risas... es algo que jamás podré olvidar, y sin embargo, no estoy segura de que haya ocurrido, de que haya sido siquiera real. Por eso, también quisiera ser un poquito mayor, para evitar perderte, y poder agarrar el maravilloso futuro aún sin escribir que nos espera. Me gustaría tanto que olvidases todo y te dejases llevar al fin. No sé, pero tengo la sensación de que sufres como yo, ocultándote, desapareciendo, desdibujándote. No hay por qué jugar más al escondite. Esta vez, cuando vuelvas, no voy a dejarte escapar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Los jueves al sol


Hoy, mi árbol del bien y el mal, no proyecta sobre mí su sombra. Prefiere ladearse, y dejar que me bañe la luz, que recorra todo mi cuerpo y se infiltre por los poros de mi piel, hasta anclarse con fuerza en mi corazón, de forma que se alumbren mis noches oscuras, tétricas, en las que pesadillas sobre la monstruosidad de la raza humana y el dolor me roban el descanso cotidiano. Hoy, el viento me envuelve el cuerpo, para que el calor no hable jamás antes que la razón, y pueda contar hasta diez, antes de que el látigo de mis pensamientos llegue a las palabras. Hoy, soy la única humana en varios kilómetros a la redonda, y no me siento sola, porque la naturaleza está conmigo, en una armoniosa convivencia basada en el mutuo respeto. Hoy, es un día brillante para mí, y sin embargo, no soy feliz, porque hay personas que no podrán disfrutar de él, ni de las maravillas de la naturaleza, ni de la majestuosidad de la vida. Porque hay personas a las que se les niega este derecho. Millones de niños que no podrán ver el siguiente amanecer a causa de déficit alimentario u otras enfermedades derivadas de las condiciones higiénico-sanitarias infrahumanas en las que se encuentran. Busco culpables. Y los encuentro. Al mirarme al espejo, al salir a la calle, en un centro comercial, en la tele, en el periódico; en todas partes.

Sí, la raza humana se auto-destruye por puro egoísmo.

El augurio maldito


No confiaba en él. Se dejaba arrastrar por una pasión refrenada a lo largo del tiempo, pero en el fondo estaba asustada. Olía el peligro, el dolor, pero no sabía cómo hacer parar aquel frenesí que envolvía la mente de Edward. Y la suya.

Se estremecía con cada roce, cada caricia. Pero no era placer. Tenía miedo. Sabía que le fallaría en algún momento, que sus palabras eran nobles, pero que no las acompañaban sus intenciones. Tenía un presentimiento.

Intentó entonces detenerle, pero era demasiado tarde. Se negó a gritos a retroceder, a escuchar a Rebeca. Fue en ese instante en el que ella conoció el dolor que había estado imaginando. Arañaban sus uñas la piel de Edward, pero no servía para nada. Se había convertido en un animal salvaje incapaz de ser controlado. Y no había fuerza humana, ni siquiera la resistencia de sus piernas a abrirse, que pudiera parar a aquel monstruo que le arrancó su pureza y su vida.


El martirio de la verdad


La verdad duele. Es más dolorosa que la mentira. Duele más un "No te quiero" que un "Te quiero" falso, fingido. Llevaba meses intentando ocultarme de la verdad, huir de ella. De su dolor, de sus complicaciones. Era más fácil creer que todo se arreglaría, que todo cambiaría y volvería a la normalidad establecida como normalidad en mi vida. Hasta que abrí los ojos y decidí enfrentarme a la verdad de una vez por todas.

Y es por eso que estoy en esta cárcel, por hacer de mis mentiras una realidad y creer que su muerte podría solucionarlo todo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Superman Returns


Me gustaría ser Superman. No por lo rápido que pueda correr o la fuerza sobrenatural que posea, no. Quisiera ser Superman para entregar mi existencia eterna a la felicidad de los demás. Para no dudar entre el bien y el mal, para poder salvar en un instante a un tropel de vidas humanas, con sus quehaceres cotidianos, sus triunfos y sus fracasos, sus sueños y sus miedos, sus burbujas y sus sueños. Si eso fuese posible, me daría igual tener o no capacidad para volar, y tampoco me importaría no ser tan kriptonianamente atractiva como él. Sería feliz por dar otra oportunidad a esas personas de ser felices, de vivir otra vez, de empezar de nuevo, mirando la vida de otra forma, con la sabia mirada de quien se ha asomado al borde del abismo para después ver una luz, y un estallido de colores fluyendo enmarañado para brindarle más momentos felices, de esos chiquititos, de esos que encuentras cuando menos buscas, de esos que te hacen querer existir, vivir.

Por eso, yo quiero ser Superman.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Memorias de una hormiga rebelde

Desde lo alto de una azotea se ve mejor la metrópolis. Los coches, esas pequeñas e insignificantes motas de luz que se difuminan en la distancia, serpentean como un endiablado pájaro en un incesante batir de alas. Todos pasan, nadie espera. Ajetreo, murmullo. Ruido, ajetreo. Un torrente inacabable de prisas, luces y pitidos en la sucia bruma de la contaminación urbana. Por las aceras, viandantes que se entrechocan, se maldicen, se enfurecen entre murmullos. La gran ciudad nunca duerme; pero si en algún momento despertase, sería en este. Sin embargo, los bostezos de una vida tranquila no interesan a la muchedumbre febril por su locura.

Siempre te cuentan que las hormigas son el mejor ejemplo a seguir: trabajar hasta la saciedad. Ahora sé que la vida de una hormiga no puede ser feliz, por la total ausencia de tiempo que compartir con el resto de hormigas (fuera del trabajo, claro).

Profundo valor

La muerte se agolpaba en sus pensamientos, mientras abría, temblando, el segundo cajón de la cocina. Dudando, con el miedo aún rezumando su herida, tuvo el valor de darse la vuelta para avistar por última vez los retazos de aquel monstruo en el que se había convertido su marido.

¿Buenos o Malos?


"El vicio está en los extremos. La virtud, en el punto medio"


El mundo es un enorme conjunto de elementos que se contraponen: el día y la noche, la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la felicidad y la tristeza...de forma que esto también sucede así con el bien y el mal. En la naturaleza del hombre hay iniciativas perversas, al igual que también hay sentimientos bondadosos. Todos los humanos somos como ese ying yang, pues poseemos dos mitades en nuestro interior, de tal modo que una sin la otra no puede existir, nos haría sentirnos incompletos.

Indudablemente, los humanos tratamos de guiarnos por la ley del mínimo esfuerzo: para recorrer la distancia entre un punto y otro, seguimos la línea recta, que nos hará más rápido y sencillo el trayecto. Sin embargo, en algunas situaciones, el humano se ve obligado a elegir entre seguir el camino fácil o seguir el camino correcto. En el caso de la carretera, por ejemplo, no sería correcto invadir la propiedad privada de algún individuo en nuestro recorrido, aunque fuese más corto. Pero, por supuesto, eso conllevaría a un mayor esfuerzo del humano, que tendría que buscar un camino más largo y duradero con el fin de respetar la propiedad del individuo.

En ese tipo de acciones es donde se muestra qué parte domina en el humano: la parte iluminada y bondadosa, o la parte oscura y malvada.

Al contrario de lo que se suele opinar, cada persona debe alcanzar el equilibrio entre ambas partes para lograr la plena felicidad. Por ello, y aunque parezca contradictorio, cada persona debe tratar de mejorarse buscando el lado bueno, pues el lado maligno nos suele resultar más seductor con sus trampas y emboscadas, ya que tira de nosotros mediante las ensoñaciones de placeres totalmente individuales, sin mirar hacia el colectivo. Es decir que, en conclusión, el lado maligno es el más difícil de dominar, y sólo proporcionando mayor fuerza al bueno, podríamos mantener el equilibrio con el provocador mal, que luchará por pervertirnos en cualquier momento.

En cambio, si nos dejamos llevar por nuestros impulsos egoístas, surgirá de nosotros nuestro extremo vicioso, más tarde o más temprano, dependiendo de la fuerza que tenga cada parte. Por tanto, como humanos conocedores de la luz y de la sombra, debemos tratar de guiarnos en este jardín de rosas y hierbajos, por los dictados de nuestro corazón, pues este mantiene confinados en su interior la magia de los buenos sentimientos, de manera opuesta a la mente, que encierra consigo, además de grandes conocimientos, enormes tentaciones que habremos de vencer, como si de cegadores muros se tratase. A pesar de todo, tan sólo la existencia de ambas, mente y corazón, combinadas en equilibrio, pueden llevarnos a la felicidad.

El corazón camina en una dirección. La mente, en otra. El punto medio de ambas es la armonía de la Humanidad.