sábado, 7 de diciembre de 2013

El abismo de los pueblos

Por el arco policromado que se erige en el tisú celeste
atraviesa raudo, veloz un rayo dorado de sol agreste,
descarga su luz iluminando la más oscura realidad terrestre.
El dolor palpita en la mente.
El sudor es cada vez más frecuente.
Y el hambre...el hambre siempre está presente.
Una mirada de todo brillo desprovista.
Una inocencia de nácar vulnerada, enmohecida.
Una tierra poblada de arena; y de desierto llena.
Un destino inexorable, cuerda, soga, yugo, cadena
de quien nace para la pena
y de la pena se nutre
y de la pena se llena.

Un páramo desierto, en la sabana.
Un oasis, cumbre de beldad paradisíaca
manantial de vida, espejo del ocaso y del alba.
Pero el hambre nunca falta
en los terrenos de África.

Una sombra acecha, escondida, camuflada
transformada en agua insalobre o en mosquito o en la nada.
Persigue corazones, bocas, almas.
Persigue identidades desde antes de que nazcan.
Su sombra todo lo cubre,
todo lo llena. Donde ella está,
no falta dolor, ni pena.
Siembra los campos de plagas,
los pantanos de bacterias
el aire hace impuro,
se esconde tras la vida,
corrompe el futuro.

Todo está envuelto en su manto de noche,
su abisal tela negra
su bruma oscura de oscura naturaleza.
Su guadaña invisible cubre todo bajo sus manos.
Esos niños, esas gentes,
padres, hijos, nietos, hermanos.
Madres, hijas, nietas, hermanas.
Todos perseguidos por las garras de esa fiera
que corta hilos cual tijera
quita vidas cual certera
flecha para el pecho hecha.

Levántate, mira.
Millones de personas sin vida.
Día a día.
La muerte se cierne sobre los humanos.
Y los humanos, impasibles, miran hacia otro lado.
Y mientras tanto, el llanto
de un niño desconsolado
de una madre desesperada
de todo un pueblo subyugado
al egoísmo oligárquico de unos pocos privilegiados.
Hoy el mundo no es mundo.
Y los hombres ya no son humanos.

Invernal

Llega el frío de Moscú, inexorablemente. Y con él llegan las promesas rotas, los sueños olvidados y los recuerdos enmohecidos de una frágil burbuja de cristal. La vida, caprichosamente, se empeña en separarnos. Otra vez. En hacernos olvidar la pasión contenida en nuestros acaudalados vasos circulatorios, en dejar atrás los escalofríos a los que se somete nuestra piel con tan solo una mirada, en volvernos locos recordando lo que nunca sucedió. Pero, paradójicamente, este frío es la única forma que tenemos de entrar en calor, de recordar que existe la brisa estival, el cielo de un perfecto añil encerado y la promesa de que los buenos tiempos aún están por venir.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

On fire

Fui urdida en acero y fuego, 
por fuera resisto
todo lo que por dentro quiero.
Temor por la muerte no albergo,
el ardor por la vida me quema el pecho.
Soy ágil, veloz
cual flecha espero, vigilo
y ataco con decisión.
Soy una mujer en llamas
que a su paso arrasa 
la mala hierba y la hierba alta.
En el cielo soy pájaro cantor, 
en el agua, cual sirena emerjo yo.
Seré lo que el mundo de mí necesite.
Sólo aguardo la ocasión.

martes, 19 de noviembre de 2013

Quiero ser mariposa

Por el templado cielo de Oriente
tras el reflejo dorado del sol
se desliza un frágil recuerdo,
la sombra de una ilusión.
Una mariposa de carmín encendido
vuela sin rumbo, sin dirección.
Se ha cubierto las alas de terciopelo
dorado y eterno, al compás de su vuelo.
No hay sitio al que quiera ir,
no hay espacio ni tiempo.
Sólo existe la mariposa
y la perfección de su vuelo.
Sueños rotos, amargas espinas
rezumantes heridas: ya no existen.
Sólo existe su vuelo, 
magistralmente triste.
El dolor quedó lejos al despegar del suelo
el horizonte vacío de esperanza, de empeño.
Atrás no queda nada, sólo un frustrado anhelo
que me llevó a ser mariposa
a romper la crisálida
a empezar de nuevo.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Nocturna

Nocturna. Se desliza sigilosa una sombra tenue.
Su pálido reflejo brilla al candor de la luna leve.
Como para ocultarse, se funde con la brisa breve. 
Es apenas un susurro, un eco del tiempo endeble.
Una voz del pasado, un murmullo del presente.
Un impulso del futuro, un corazón ardiente.
Una luz que la guía, una mecha que prende. 
Avanza. Ya no corre, ahora vuela.
Dibujando a su paso una estela
de colores en el viento, de ilusiones por bandera.
Nada podrá detenerla, ningún muro ni frontera.
Es mi alma, que te busca.
Es tu ausencia, su condena.
Son tus besos los que anhela.