domingo, 25 de marzo de 2012

Aún Más Grandes Esperanzas

Hay veces que te gustaría coger un tren, pero tienes miedo y lo dejas pasar, sin más. Es justo cuando observas las partículas de humo en suspensión en el aire alejándose en el horizonte cuando te das cuenta de que deberías haberte subido

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La siguiente vez que quieres subir a un tren, lo piensas mejor. Recuerdas que te arrepentiste de dejar pasar las oportunidades de tu pasado y decides arriesgarte. Sin embargo, a mitad del trayecto, ves un haz de luz que se cuela por tu ventana. Te ilumina, tímidamente, como si le diera miedo cruzar el cristal. Y en ese instante te das cuenta de que no quieres estar ahí. Quieres bajar de ese tren. Quieres volver de donde partiste porque tu vida entera está ahí. Y no quieres ser otra persona. No quieres huir de tus problemas. No quieres llorar por lo que perdiste. Quieres ser feliz con lo que tienes. Porque en ese momento sabes que si volvieras a nacer, jamás elegirías otra ciudad más grande, otra familia más rica ni otros amigos más guays. Eres feliz con lo que eres, porque nada hay más grande que ser uno mismo. Es entonces cuando te das cuenta de que ha valido la pena montar en ese tren, sólo para darte cuenta de que eres la persona más feliz del mundo. Y esta felicidad sólo tiene que ver con una cosa:

CONTIGO MISMO

1 comentario:

  1. Mª Carmen! Soy José. Me ha encantado tu entrada, pero sobre todo por el mensaje, porque muchos piensan que la felicidad está en el "exterior", cuando en verdad está mucho más cerca: en sí mismo.

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