jueves, 8 de diciembre de 2011

Historias del reflejo de un cristal


Ante el vaho húmedo que hace translucir la imagen de quien se refleja a su paso, un cristal escucha atento retazos de conversaciones ajenas, a veces banales, a veces someras, a veces de simple palabrería de relleno, y muy pocas veces de una profundidad abisal. Estas últimas son las que más ansía un cristal escuchar, y si tiene algo de suerte lo hará. Porque no es lo mismo ser un cristal de un escaparate que un cristal de un autobús. Yo personalmente, me reencarnaría en este último, aunque pasasen siglos hasta dar con una persona medianamente civilizada que no mascullase chabacanerías de poca utilidad imaginable. Entre reflejos, a veces se oyen historias que te perforan el alma. Historias que te hacen reír hasta llorar, historias que te hacen llorar hasta reír. Me apetece sobremanera contar una de esas historias, pero considero que hasta mi próxima reencarnación como cristal de autobús, no estaré preparada. Y cuando lo esté, no podré escribir, así que ruego me disculpen por privarles de tan profunda carga moral implícita en las historias que nunca contaré. Intenten ustedes reencarnarse en cristal de autobús, y quizás tengan la suerte de oír alguna vez una historia de las buenas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario