sábado, 10 de diciembre de 2011

El error de Dios


"Y a continuación compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza"
PLATÓN, Libro VII de La República, El mito de la Caverna.

Dios creó el mundo, y puso en él a la Humanidad, para que formase sociedades justas e igualitarias: perfectas. Pero en su inmensa sabiduría, Dios pensó que, dada la heterogeneidad de la especie, la igualdad sólo se conseguiría con una educación ajustada a cada tipo de persona, de
forma que en sus enseñanzas Dios profesaría la desigualdad como medio para conseguir la igualdad. Así pues, quedó establecido que para aquellos que tuviesen más dificultad para aprehender los conocimientos del Señor Nuestro Dios serían tratados por el Todopoderoso de forma que su ignorancia no supusiera ningún problema de carga psicológica; mientras que a aquellas mentes un poco más despiertas, las que tuviesen en su composición el gen de la avidez
científica, se las relegaría a un trato exigente, sin excluir las humillaciones pertinentes por cada mínimo fallo o tropiezo. Así pretendía Dios, todopoderoso y eterno, gobernar las ciudades de
forma justa e igual, castigando a todos quienes demostrasen una sed de conocimientos superior a la de sus compañeros de caverna; ignorando el creciente sentimiento de incomodidad que bullía en la polis ante las arbitrariedades de sus designios. Aunque Dios no lo sabía, los humanos menos animales del corral sembrarían ante esta concepción de justicia una duda que habría de corroerles las entrañas hasta que descubrieran que el mundo que Dios gobernaba no era menos hipócrita que el que gobernaban los hombres. Todo era, y siempre había sido, una farsa montada alrededor de unos principios que no se tenían en pie, una compleja maquinaria de engaños que presentaba a Dios como un ser divino, omnipotente, omnipresente y omnisciente, aunque realmente no se diferenciaba mucho del resto de humanos. Cuando las mentes más despiertas se dieron cuenta de todo, se convirtieron al ateísmo: la única doctrina que no adoraba a un
personaje perfecto, sino que reconocía en cada ser, ya fuese divino o humano, una amalgama infinita de imperfecciones.



No hay comentarios:

Publicar un comentario