domingo, 6 de marzo de 2011

La danza del fuego


La sangre se agolpa en mis venas. A borbotones, se abre camino una sustancia extraña, que algunos llaman adrenalina, aunque lo cierto es que poco me importa su nombre. Sólo sé que cada centímetro cúbico de mi piel se impregna de ella cuando te veo. En ese instante, un caudal irrefrenable de sensaciones recorre mi cuerpo, adueñándose de mí, impulsándome a fundirme contigo hasta el fin de los tiempos. Pero es entonces cuando levantas la vista y me regalas esa cálida sonrisa del niño bueno que nunca has sido, esa mirada apasionada propia de quien vive en un sueño, y cuando estamos en el punto en que x alcanza a infinito, entonces todo se acaba. El ruido, la gente, la vida nos separa.

Años más tarde, seguimos siendo los mismos cobardes. Nada ha cambiado. Aunque, en realidad, la vida me ha dado unas ganas irreprimibles de comerte a besos. Y esta vez no sé lo que ocurrirá.

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