sábado, 18 de septiembre de 2010

Esto es para ti


Ha llegado el momento. Tengo que decirte adiós. Ya sé que no será definitivo, que seguiré viéndote pasar por mi lado e intercambiaremos sueños entre nuestras burbujas, pero nada volverá a ser igual, y lo sabes. Semanas separadas han bastado para alejarnos. El camino que elegimos, paso a paso, nos está distanciando poco a poco, cual lastre se arrastra en el zapato al andar. Te he visto crecer, junto a mí, descubriendo el mundo cogidas de la mano. Siempre hemos estado juntas, compañeras inseparables de este viaje. Nos hemos enfadado y peleado, para más tarde volver juntas a jugar. Hemos puesto el mundo patas arriba, para luego volverlo a arreglar. Desde casi antes de hablar, hemos estado unidas, y ahora, míranos ahora, con un montón de sueños y proyectos por los que luchar y volver a luchar. No puedo creer que esas niñas pequeñas y revoltosas sean ahora jóvenes emprendedoras y valientes, dispuestas a conseguir toda la felicidad que nos podría brindar esta corta vida. Aunque parezca increíble, hemos madurado. Y aunque intente fingir que no me importa, que nos vendrá bien esta situación, que no nos pasará nada porque seguiremos viéndonos a diario, sabes bien que eso no es verdad. Que me encantaría estar contigo 27 horas diarias, si es preciso, trabajando duro, muriendo poco a poco, pero juntas, por siempre y para siempre, como en los tiempos que pasan a mi alrededor y ya van siendo viejos, como estos instantes que nunca volveremos a vivir, y que echaré de menos, aunque no me veas llorar, aunque me veas feliz o sumida en la vorágine de las clases diarias, dejándome llevar en este torrente que nos une y nos separa a su antojo, porque, en realidad, lo único que nos queda es fingir que todo va bien y que nada nos importa, que podemos seguir como si nada hubiese ocurrido, aunque sepamos que una parte de nuestro interior muere del frío de la ausencia. Te echaré de menos, compañera. Pero, ¿sabes? En el fondo, debajo de todo el dolor de la distancia, ahí oculto, hay como un pensamiento, una flor, una estrella, una sensación de que aunque no pueda verte, sé que estarás allí, y que si te llamo, vendrás corriendo a buscarme, con cielo, mar y tierra de por medio. Sé que moverías montañas por darme tu ayuda, de la misma forma que yo moriría diez veces por salvar tu vida. Y después de todo, esto es lo que nos queda. Te quiero, amiga, compañera.

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