jueves, 5 de agosto de 2010

Contraseñas

Una febril y calurosa noche estival, ella languidecía frente al ordenador, después de arduas horas de búsqueda frenética. Pero en un instante esclarecedor, las piezas del puzzle encajaron por fin. Una sonrisa resplandeciente iluminaba su rostro, sudoroso, pálido. Había descubierto la identidad del asesino, que cruzaba en ese instante el umbral de su puerta.

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