martes, 24 de agosto de 2010

La vorágine de la sociedad


No ha sido fácil.

Esa es la respuesta que me gustaría dar a la pregunta que nadie me hace. El pueblo quiere saber cuánto tiempo llevo con mi chico. Cuando respondo "2 años y medio", el pueblo, anonadado y estupefacto ante la respuesta, exclama con honda sorpresa: "¡HALA! ¡Cuánto tiempo!" Y ese es el detalle que busca el pueblo. El pueblo no te pregunta si has sido feliz; ni tampoco si sigues igual de ilusionada que al principio; aún menos cómo te hace sentir él, no. Al pueblo lo que le interesa es si habéis hecho el amor alguna vez, qué marca de preservativos usáis y si tenéis algún problema durante la cópula que sea de interés para todos aquellos y aquellas que, demasiado frustrados por no poseer una vida propia, ansían cada día la llegada del boletín informativo de la cotilla más amargada del barrio, que casualmente, es a quien mejor se le da hurgar en los triunfos y los sinsabores del resto de gente. ¿A dónde estamos llegando? Ya nadie se interesa por lo que sientes o lo que piensas; a nadie le importa si estás bien o mal, feliz, triste o deprimida; sino tan solo los detalles inútiles y materiales de tu existencia, cuanto más dolorosos y/o morbosos, mejor. Qué pasa cuando aquellos a los que llamamos amigos sólo acuden cuando poseen algo de valor para quitártelo, algo de su interés, para arrebatártelo, o cuando estás más débil y herido estás, para meter sus dedos, sus manos, sus brazos en tus llagas hasta que sientas tanto dolor, que acabes vomitando la causa de tus penas junto con algunos pedazos de tu torturado corazón que en esos momentos sólo quiere amor. Si deseas soledad, no te preocupes, allí acudirá el pueblo para atosigarte hasta que pierdas los nervios y la cordura, y termines por atacar a alguien que casualmente quiso interesarse inocentemente por ti y así poder alimentar más el aquelarre del domingo. Si buscas ayuda, siéntate a esperarla, pero ponte cómodo, porque verás que de pronto todos desaparecen de tu lado, por puras coincidencias, claro. Pero no te sorprendas de que al tocarte la lotería tu casa esté a rebosar nuevamente, porque un pellizco de dinero o una fiesta nadie se lo pierde.

Y todavía seguimos negando ser una sociedad materialista, hipócrita y fría, donde no queda hueco para los sentimientos de amor, amistad o lealtad, y donde se presume de ser solidario y altruista, toma ya, junto los dos pilares más quebrados y desgastados de la Humanidad.

Porque esto es un llamado a la reflexión; a intentar cada día ser un poquito mejor; a salir a la calle sin preocuparse por disfrazar el cuerpo y fijándonos más en forjar el alma; a mirar a las demás personas sin desprecio, violencia o inferioridad; tratando de comprender que el amor no es como un mercado, donde lo más importante es que te quieran, sino sentirlo como verdaderamente es: hacer sonreír al otro, abrazarlo, ayudarlo, tenderle la mano si se cae, interesante no en los detalles más morbosos de su historia, sino en cómo se siente, qué piensa y qué es lo que le hace falta.

Porque es difícil, por supuesto, pero nadie dijo que ser feliz fuese fácil. Porque es más sencillo pensar que el mundo no se puede cambiar, a intentar hacerlo. Sí, yo también pienso que la verdadera valentía está en perseguir un sueño aunque todos los demás digan que es IMPOSIBLE.

lunes, 9 de agosto de 2010

Un instante de una torturada existencia

Déjame vivir. Deja de aplastarme el corazón contra el pecho, cruel, maldita. Deja de meter tu daga en mi herida, sádica, cínica. Déjame recorrerte, volar sobre ti como si no existieses, hedionda, fétida y supurante llaga. Tú, que me impides verle, tocarle, besarle. Tú, que insultas con tu presencia a la razón de toda existencia, ¿por qué no desapareces, por un segundo, tan solo? ¿Por qué no te haces a un lado y te burlas junto a mí de las leyes que rigen el universo? Desafiémos la física, la química y todas las ciencias de este mundo conocido; permíteme deslizarme por tu abismo abigarrado de obscuridad sin fin, rompe de una vez tu siempre rutinaria rutina y déjame imaginar que sueño que viajo hasta encontrarle. Si quieres, ahora yo puedo ser tu amiga, maldita compañera de viaje compelida, con la única condición de que consientas que mi rostro descanse en su pecho, azabachada sombra de otros tiempos, condenada portadora de amarguras, concédeme un solo deseo: haz posible que duerma en sus brazos, esta última noche de trena, nueva amiga, nueva esposa, dama de negros velos y olvidos, tan deseada, a veces, tan anhelada, tan repelida y tan temida bruma.

Sabes que siempre será tuyo mi último respiro, Muerte, pero otórgame ese vedado instante de un beso furtivo, codiciado, prohibido.


sábado, 7 de agosto de 2010

Mentes científicas

Cuando tiene lugar un cambio, lo lógico es buscar las causas que lo producen, sin lamentarse de que haya ocurrido.

De las mentes que huyen del dinero y de los dineros que pueden comprar mentes

Pasaría una eternidad antes de que ella se incorporase y dejase de mirar aquellos ojos tallados en cristal. Esos ojos que no prometían palacios, ni estrellas. Esos ojos que tan sólo anunciaban saberes, a los cuáles sólo se accedía pagando cuantías que cualquier persona mediocre desearía tener en su cuenta bancaria. Sólo entonces, cuando atravesó el umbral de la puerta, se prometió a sí misma que conseguiría la beca. Fuese como fuese.

jueves, 5 de agosto de 2010

El hombre que parecía de piedra

Sólo tenía dos opciones: tratar de vivir esperando su regreso o tratar de encontrar en la travesía de los Siete Mares a un hombre que hiciese el amor como él. Al elegir la segunda, condené a mi destino, sabiendo que jamás podría comparar un acto sexual que no había hecho.

Contraseñas

Una febril y calurosa noche estival, ella languidecía frente al ordenador, después de arduas horas de búsqueda frenética. Pero en un instante esclarecedor, las piezas del puzzle encajaron por fin. Una sonrisa resplandeciente iluminaba su rostro, sudoroso, pálido. Había descubierto la identidad del asesino, que cruzaba en ese instante el umbral de su puerta.

Buscando la Fama

Tras horas interminables de paseo, se me ocurrieron miles de cosas, cada cual más improbable que la anterior. Hasta que un día conseguí aparecer en la tele, como pichichi de un partido que nunca llegué a ganar. Y todo para que él me viera, en la distancia, y se sintiese orgulloso de mí.

martes, 3 de agosto de 2010

7 letras

Ahora que estás lejos me doy cuenta de cuánto te quiero. A todas horas noto un martilleo incesante en el corazón, que no me deja dormir, sentir, vivir. Cada vez más me arrepiento de no haberme quedado con aquel pequeño recuerdo tuyo, para que hubieras tenido que venir a por él. Me muero de impotencia sólo con imaginarte tumbado al sol estival, de la mano de cualquier chica más guapa, más madura, más mujer que yo. Porque a mí no me importa la distancia, como nunca me importó la edad; pero no sé si sientes lo mismo o es una ilusión, una neblina etérea, pasión, amor, no sé si estás lejos o estás cerca de mí, porque te veo en todos los recovecos de mi pensamiento, en cada esquina de mis recuerdos, en cada cristal de mi memoria, y sólo puedo preguntarme dónde estás, qué estarás pensando, qué estarás mirando y si serás feliz con tu horizonte o desearás un poco como yo que el tiempo pasado regresase al presente, y que no existiesen formalismos ni barreras que prohibiesen este sentimiento, y poder besarte sin pensar, mirar o imaginar que nos descubren, y amarte en la soledad de mis noches vacías, donde el ruido se confundiese con la brisa al entrechocar con las copas de los árboles, y decirte lo bonita que es tu sonrisa, y cuánto hace galopar mi corazón, y poder tocarte como nunca nadie lo haya hecho, olvidando que con dieciséis años recién cumplidos, nadie te tiene en cuenta, salvo aquellos que buscan aprovecharse de ti o aquellos que matarían por tener tu juventud, olvidando la forma de nuestros cuerpos en un sinfín de sueños, miedos y burbujas entrelazadas. Y olvidando también que ni siquiera estos encuentros han sido reales, sino solo una sombra de lo que alguien dijo que algún día una febril mente adolescente podría llegar a soñar. Olvidando todo, sólo recuerdo que te quiero.

Córdoba

Es difícil transmitir con simples palabras la majestuosidad del paraíso, pues este lugar no contiene láminas de oro que cubran las paredes, ni piedras preciosas incrustadas en las columnas. No, nada de eso. El paraíso que yo he conocido es un edén de la mente, un disfrute sin límite y un frenesí de carcajadas que nublan las penurias de la vida. El paraíso que yo he conocido, el que acabo de dejar, aquel al que quizás nunca vuelva, sólo se constituye de jóvenes emprendedores, de almas investigadoras, de mentes científicas, y por encima de todo, de personas. Sí, he tenido la enorme suerte de hallar amistad, nobleza y simpatía en el idilio de la razón, en el palacio de los saberes, en un pequeño e insignificante Campus que se desdibuja sobre el crepúsculo de Córdoba. Casualidades del destino hicieron que yo acabase allí, del mismo modo que casualidades del destino hicieron que me encontrase con las mejores personas del mundo, todos y cada uno de mis compañeros.

Al principio, el miedo dio paso a especular, imaginar, tratar de predecir el futuro. Nos asaltó la sensación de agobio, tedio, aburrimiento. Nos sentíamos solos, dando vueltas en una cama demasiado pequeña e incómoda, en el interior de un habitáculo frío y vacío, sin vida. Pero poco a poco, entre SUDOR, sonrisas y lágrimas, fuimos creando lazos invisibles, vínculos irrompibles que no se romperían jamás, ni por toda la distancia que pudiésemos poner entre nosotros. Porque entre chaparrones de hielo, partidas de cartas y observación de UN HUEVO, iba naciendo entre nosotros un sentimiento: la amistad. Una amistad que se convertiría en eterna, a pesar del dolor de los kilómetros, porque aunque todos sabíamos que nunca volveríamos al paraíso, también sabíamos que nada era imposible y que estaríamos dispuestos a desafiar todas las reglas del destino, si fuese necesario, con tal de volver a vernos.