viernes, 31 de diciembre de 2010

2010


De pequeños, aguardamos con anhelo la llegada de Nochevieja. El extravagante rito de comer uvas a una velocidad superior a la que se desplaza la luz por el espacio vacío es, como mínimo, cautivador. Y, además, es la única noche en la que te dejan beber sidra, como si fueses ya mayor. Un día es un día, dicen los adultos, felices de recibir un nuevo año con la esperanza de que los problemas, las discusiones y el dolor queden enfundados en el fardo de harapos del año anterior.

Este año, ese rito tiene que ser diferente. En lugar de rogar que los problemas se marchen, que el dolor cese y las discusiones se acaben, nos alegraremos de todo lo bueno que nos ha traído este humilde fragmento de tiempo conocido como 2010. Todas las alegrías, las sonrisas, los momentos que hemos vivido unidos, como hermanos. Este año, os propongo que sea diferente. Que aprendamos a superar nuestro orgullo y esos pequeños agujeros de maldad que nos perforan el alma y oprimen la vida. Por eso, esta noche, cuando den las tradicionales 12 campanadas, yo recordaré muchas cosas. Las risas que brotan al subir una carretera empinada, gris y sucia, cada mañana de lunes a viernes, aunque llovizne o diluvie. Las lágrimas que afloran del dolor de abdomen cuando se quiebra a carcajadas, surgidas normalmente de las incontables desilusiones que nos trae la vida, ante las cuales preferimos reír y olvidar antes que caer en la telaraña execrable del llanto y el miedo, miedo a fracasar y a encallar en cualquier montón de rocas varado en la tormenta de algún bar. Todas las veces que una mirada de sus maravillosos ojos azules vale más que mil palabras. Todos los mensajes de apoyo y las palmaditas en el hombro que todos dan a pesar de que saben que no sirven para nada. Todo el sufrimiento compartido, que deja entonces de ser sufrimiento para transformarse en un deleite cuasi digno de divinidad que sólo conocen quienes han descubierto el placer de trabajar en equipo, unidos, juntos, coordinados, dispuestos a dar cualquier cosa por el compañero. Todos los abrazos y los chistes de una madre que, a pesar de verte destrozada por el cansancio, no cesa de decirte lo guapa que estás, y lo mucho que vales, y te promete que alcanzarás todas las metas que puedas soñar en la vida; quien te soporta a las buenas y a las malas, tratando de que no te estrelles contra el suelo, a pesar de que sabe que todas las lecciones que merecen la pena se aprenden fracasando. Y sobre todo, te recordaré a ti, luz de mi vida, que me inspiras a verte en cada rincón, en cada esquina, en cada línea que leo y en cada palabra que escribo, y en todas y cada una de las cosas que hago, los proyectos que emprendo o los sueños que mantengo vivos a base de esperanzas esculpidas en las sombras del viento; como el de hacerte el hombre más feliz del mundo con cada susurro, cada beso, cada sueño.

Gracias a todos, por brindarme cada día con vuestra existencia motivos para disfrutar, para soñar, para vivir.
Ojalá que la luz de vuestro corazón no se extinga nunca.
Feliz año nuevo, y felices recuerdos del año que se va.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El agua de la vida


La vida no es sino una serie de fracasos de los que salimos aprendiendo; los pequeños detalles, los silencios que aún se escuchan, los vacíos que se llenan, cuando vemos a un amigo, las miradas que se incrustan en el fondo del alma, las palabras que recordamos que nos hayan marcado y aquellas que nos marcan sin que lo recordemos, cada nota desprendida de una canción, una melodía, una voz; las gotas de agua que se deslizan por el cristal, lentamente hasta caer al suelo, y llegar a un charco donde un zapato veloz pisará y la gota curiosa aprovechará la oportunidad de viajar en el zapato desconocido, hasta que el meticuloso hombre que lo porta llegue a casa y seque la gota con un trapo que tenderá y ésta se evaporará, llegando a las nubes, atravesando el cielo calentada por los rayos dulces del sol, que dos horas más tarde se encontrará en medio de una nueva tormenta de la que escapará cayendo a un vertiginoso ritmo a la tierra, donde volverá a otro charco que casualmente habría pisado el mismo hombre meticuloso con zapatos veloces, que al llegar a casa y desabrocharse los zapatos, rozaría con las yemas de los dedos la gota curiosa, que se metería por sus poros de lleno en la piel, y formaría parte del agua que forma el torrente sanguíneo, llegando a irrigar una célula epitelial que, en ese instante en el que su dueño se encontraba totalmente desnudo, volvería a liberarse en forma de sudor debido al orgasmo que el hombre meticuloso estaba alcanzando en esos momentos con el amor de su vida, quedando así la gota reducida a viajar desde una piel a otra de los amantes, en un ciclo infinito de placer, si es que el placer es infinito.

Pero esa es otra historia que no voy a contar en estos momentos porque no es esta historia.

martes, 12 de octubre de 2010

Pequeñaja


Hoy es un día especial. Lo que para muchos no es más que un 12 de Octubre, para ti es el primer día del mundo, de tu vida. Sólo quería darte la bienvenida, enanita, tú que siendo tan pequeña has causado tanto revuelo a toda la familia. Tú que, inocente y ajena, duermes en una cuna cualquiera, de una habitación perdida en un hospital corriente y moliente. Tú que todavía ignoras los sufrimientos y las maldades de este mundo en el que te ha tocado vivir, tú que yaces plácidamente entre sábanas de miel, tú que sueñas, que desconoces, que vuelas entre las nubes. Para ti, María José, es para quien escribo esta carta; para que ahora que tu vida comienza sepas disfrutarla y enfrentarla; afrontar todos los obstáculos que se te pongan por delante, superar todas las barreras que te impidan levantarte, todas y cada una de las veces que te caigas, porque te advierto que serán muchas, aunque también serán muchas las veces que sonrías, que imagines, que sueñes; y muchos serán tus proyectos y tus deseos y tus miedos, como mucho será lo que te querremos todos, pequeñaja. Y muchas serán las ocasiones que seas feliz en este viaje, en este camino. Aprovéchalo bien, porque si no nunca podrás volver atrás para cambiarlo, y te aseguro que si lo intentas, valdrá la pena. Todos tus esfuerzos y sufrimientos se verán recompensados algún día, aunque te parezca que no hay nada justo o lógico o bueno en este globo hostil, que te puedo jurar que sí lo hay. Que la bondad, la esperanza y la solidaridad nunca morirán en La Tierra, y tendrás tiempo para comprobarlo, cielo, no te preocupes por eso. Yo sólo quiero que sepas que estaré ahí para lo que necesites. Cualquier cosa, mengaja, cualquier cosa que te haga falta, pongo a Dios por testigo que la encontraré. Aunque tenga que mover cielo y tierra para hacerlo, te prometo que lo haré.

Porque sólo quiero que puedas ser feliz.
Te Quiero, pequeña.

lunes, 11 de octubre de 2010

El ocaso de una estación

Y al marcharse, comprobé mi lista de conectados en el chat de Tuenti. Mi plan B se había esfumado. Y fue entonces cuando lo comprendí todo. Las galletas de la fortuna, las canciones, TODO. Por lo general, la vida no te ofrece segundas oportunidades; o te subes al tren cuando pasa o te quedas plantado en la estación. La respuesta que tanto había buscado estaba en mi interior, y ahora sólo me quedaba aceptarla. Y por último, pero no más importante, la felicidad debía buscarla día a día, y no vivir pensando en lo que habría podido haber pasado si hubiese subido a ese tren.

Es bonito ver un mismo paisaje desde distintos trenes, pero quizás es más bonito sentarse en la estación a ver esos trenes pasar.

sábado, 9 de octubre de 2010

12 horas sin el tiempo


El tiempo se había quedado detenido en aquella habitación. Apenas había ocurrido ningún cambio en las 12 horas anteriores. Ni siquiera yo había sufrido el paso del tiempo. Debería tener la muñeca hinchada y entumecida por llevar el reloj, pero nada, no le ha sucedido nada. El reloj no se ha parado, pero el paso del tiempo sí. O quizás el tiempo ha seguido corriendo ahí afuera y sólo se le ha olvidado pasar a por mí. ¿Y si el tiempo sólo está jugando conmigo? Debe ser aburrido estar toda la eternidad solo, viendo a los demás hacer sus vidas, cumplir o destrozar sus sueños, porque la forma más fácil de huir es dejarlo todo al tiempo, "el tiempo dirá", "dale tiempo", "tiempo al tiempo"; es lógico que el tiempo esté saturado, cualquiera lo estaría, por eso le perdono que se haya olvidado de mí, o quizás debería ser al revés, que él me perdonase a mí por darle tanto trabajo y tratar de que todos mis problemas fuesen solucionados por el arte mágico del tiempo. Así que el tiempo debe haber jugado conmigo para que yo no juegue más con él. Pobrecillo. Menos mal que siempre lo acompaña el espacio, si no, la eternidad debe ser muy aburrida. Supongo que estará cansado de controlar todos los mundos, de escuchar tontas elucubraciones acerca de su paso, de su existencia; harto de crecer continuamente, sin la esperanza de volver hacia atrás, expandiéndose en el universo, sabiendo que llegará a un punto donde ya nunca pueda expandirse y todo tenga que acabar o sabiendo que al acabar cualquier existencia, otra nueva empieza, algo nace cuando algo muere, y sabiendo eso, quizá muera en paz, aunque tenga conciencia de llevarse consigo todos los mundos que controla para volver a verlos nacer. Cuán noble es el tiempo, se enfrenta a su final sin sentir miedo de dónde irá o en qué se transformará o si dejará de existir nunca jamás y el universo muriese con su ausencia.

Qué difícil debe ser que todo dependa de ti. Y qué fácil es dejárselo todo al tiempo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Una interminable partida


Y es que de repente nos quedamos sin aire, porque para ti mis sueños de salvar al mundo no significan nada. Para ti, el mundo se acaba detrás de mí. Existen otras nociones, esparcidas en la dimensión espacio-tiempo conocida como mundo contemporáneo, sin embargo, desde tu punto de vista son utopías, sueños y otros proyectos sin importancia. Para ti, la vida no tiene sentido sin mí. Pero sabes que yo no siento lo mismo. Sabes que mi felicidad no estará completa tan solo con tu presencia, sino que tengo que ayudar a quienes más lo necesitan para sentirme viva. No puedo relegarme a existir disfrutando de tus millones en un plano bucólico ambientado en la familia perfecta. Ya no puedo. Quizá habría podido si no hubiese en el mundo desigualdad, injusticia y guerra. Quizá. Pero dado que permanecen entre los seres humanos, me dedicaré a combatirlos. Por mucho que digan que es imposible acabar con los males que corrompen la sociedad. Por mucho que te obstines a creer que no se puede combatir el mal (OJO: Combatir, no derrotar, que yo no digo que sea posible erradicarlo, pero sí mantenerlo a raya). Digas lo que digas, sabes que me da igual. Me gustaría que tuvieras un poquito más de optimismo, pero qué le vamos a hacer, tú tienes tus ideales, al igual que yo los míos, así que no me obligues a elegir, porque puede que no elija lo que tú quieres.

Ya sabes, dicen que vale la pena sacrificarse por aquello que quieres.

Caballo blanco a C3.

Mueves tú.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La sombra

Cuando entré en la habitación, estaba en un rincón. Entre las sombras. Sentí sus ojos clavados en mi espalda. De repente, la puerta se cerró. Mi cuerpo golpeó el suelo. El aire se tornó humo. La pared, fuego.
Desperté. Me sentí empapada. Todo era blanco y él no estaba.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Esto es para ti


Ha llegado el momento. Tengo que decirte adiós. Ya sé que no será definitivo, que seguiré viéndote pasar por mi lado e intercambiaremos sueños entre nuestras burbujas, pero nada volverá a ser igual, y lo sabes. Semanas separadas han bastado para alejarnos. El camino que elegimos, paso a paso, nos está distanciando poco a poco, cual lastre se arrastra en el zapato al andar. Te he visto crecer, junto a mí, descubriendo el mundo cogidas de la mano. Siempre hemos estado juntas, compañeras inseparables de este viaje. Nos hemos enfadado y peleado, para más tarde volver juntas a jugar. Hemos puesto el mundo patas arriba, para luego volverlo a arreglar. Desde casi antes de hablar, hemos estado unidas, y ahora, míranos ahora, con un montón de sueños y proyectos por los que luchar y volver a luchar. No puedo creer que esas niñas pequeñas y revoltosas sean ahora jóvenes emprendedoras y valientes, dispuestas a conseguir toda la felicidad que nos podría brindar esta corta vida. Aunque parezca increíble, hemos madurado. Y aunque intente fingir que no me importa, que nos vendrá bien esta situación, que no nos pasará nada porque seguiremos viéndonos a diario, sabes bien que eso no es verdad. Que me encantaría estar contigo 27 horas diarias, si es preciso, trabajando duro, muriendo poco a poco, pero juntas, por siempre y para siempre, como en los tiempos que pasan a mi alrededor y ya van siendo viejos, como estos instantes que nunca volveremos a vivir, y que echaré de menos, aunque no me veas llorar, aunque me veas feliz o sumida en la vorágine de las clases diarias, dejándome llevar en este torrente que nos une y nos separa a su antojo, porque, en realidad, lo único que nos queda es fingir que todo va bien y que nada nos importa, que podemos seguir como si nada hubiese ocurrido, aunque sepamos que una parte de nuestro interior muere del frío de la ausencia. Te echaré de menos, compañera. Pero, ¿sabes? En el fondo, debajo de todo el dolor de la distancia, ahí oculto, hay como un pensamiento, una flor, una estrella, una sensación de que aunque no pueda verte, sé que estarás allí, y que si te llamo, vendrás corriendo a buscarme, con cielo, mar y tierra de por medio. Sé que moverías montañas por darme tu ayuda, de la misma forma que yo moriría diez veces por salvar tu vida. Y después de todo, esto es lo que nos queda. Te quiero, amiga, compañera.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El juego del escondite



Hoy, tras parar la tormenta, he descubierto que necesito la oscuridad. Una oscuridad tan negra, penetrante y profunda que me permita imaginar tu silueta junto a la mía, enlazando tus recuerdos con los míos, inventándonos un presente que nunca será real. Te necesito, de la misma forma que me hacen falta esos encuentros prohibidos entre nosotros; como sé que también te hacen falta a ti. Hoy, una única y fugaz mirada tuya me hará sentir viva durante semanas, meses, o quien sabe cuánto tiempo hasta que me olvide de tu nombre y nuestro destino me lo quiera recordar. Desearía ser pequeña, una niña, para poder revivir esos instantes de verdadera felicidad a tu lado. Nuestros juegos, nuestras risas... es algo que jamás podré olvidar, y sin embargo, no estoy segura de que haya ocurrido, de que haya sido siquiera real. Por eso, también quisiera ser un poquito mayor, para evitar perderte, y poder agarrar el maravilloso futuro aún sin escribir que nos espera. Me gustaría tanto que olvidases todo y te dejases llevar al fin. No sé, pero tengo la sensación de que sufres como yo, ocultándote, desapareciendo, desdibujándote. No hay por qué jugar más al escondite. Esta vez, cuando vuelvas, no voy a dejarte escapar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Los jueves al sol


Hoy, mi árbol del bien y el mal, no proyecta sobre mí su sombra. Prefiere ladearse, y dejar que me bañe la luz, que recorra todo mi cuerpo y se infiltre por los poros de mi piel, hasta anclarse con fuerza en mi corazón, de forma que se alumbren mis noches oscuras, tétricas, en las que pesadillas sobre la monstruosidad de la raza humana y el dolor me roban el descanso cotidiano. Hoy, el viento me envuelve el cuerpo, para que el calor no hable jamás antes que la razón, y pueda contar hasta diez, antes de que el látigo de mis pensamientos llegue a las palabras. Hoy, soy la única humana en varios kilómetros a la redonda, y no me siento sola, porque la naturaleza está conmigo, en una armoniosa convivencia basada en el mutuo respeto. Hoy, es un día brillante para mí, y sin embargo, no soy feliz, porque hay personas que no podrán disfrutar de él, ni de las maravillas de la naturaleza, ni de la majestuosidad de la vida. Porque hay personas a las que se les niega este derecho. Millones de niños que no podrán ver el siguiente amanecer a causa de déficit alimentario u otras enfermedades derivadas de las condiciones higiénico-sanitarias infrahumanas en las que se encuentran. Busco culpables. Y los encuentro. Al mirarme al espejo, al salir a la calle, en un centro comercial, en la tele, en el periódico; en todas partes.

Sí, la raza humana se auto-destruye por puro egoísmo.

El augurio maldito


No confiaba en él. Se dejaba arrastrar por una pasión refrenada a lo largo del tiempo, pero en el fondo estaba asustada. Olía el peligro, el dolor, pero no sabía cómo hacer parar aquel frenesí que envolvía la mente de Edward. Y la suya.

Se estremecía con cada roce, cada caricia. Pero no era placer. Tenía miedo. Sabía que le fallaría en algún momento, que sus palabras eran nobles, pero que no las acompañaban sus intenciones. Tenía un presentimiento.

Intentó entonces detenerle, pero era demasiado tarde. Se negó a gritos a retroceder, a escuchar a Rebeca. Fue en ese instante en el que ella conoció el dolor que había estado imaginando. Arañaban sus uñas la piel de Edward, pero no servía para nada. Se había convertido en un animal salvaje incapaz de ser controlado. Y no había fuerza humana, ni siquiera la resistencia de sus piernas a abrirse, que pudiera parar a aquel monstruo que le arrancó su pureza y su vida.


El martirio de la verdad


La verdad duele. Es más dolorosa que la mentira. Duele más un "No te quiero" que un "Te quiero" falso, fingido. Llevaba meses intentando ocultarme de la verdad, huir de ella. De su dolor, de sus complicaciones. Era más fácil creer que todo se arreglaría, que todo cambiaría y volvería a la normalidad establecida como normalidad en mi vida. Hasta que abrí los ojos y decidí enfrentarme a la verdad de una vez por todas.

Y es por eso que estoy en esta cárcel, por hacer de mis mentiras una realidad y creer que su muerte podría solucionarlo todo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Superman Returns


Me gustaría ser Superman. No por lo rápido que pueda correr o la fuerza sobrenatural que posea, no. Quisiera ser Superman para entregar mi existencia eterna a la felicidad de los demás. Para no dudar entre el bien y el mal, para poder salvar en un instante a un tropel de vidas humanas, con sus quehaceres cotidianos, sus triunfos y sus fracasos, sus sueños y sus miedos, sus burbujas y sus sueños. Si eso fuese posible, me daría igual tener o no capacidad para volar, y tampoco me importaría no ser tan kriptonianamente atractiva como él. Sería feliz por dar otra oportunidad a esas personas de ser felices, de vivir otra vez, de empezar de nuevo, mirando la vida de otra forma, con la sabia mirada de quien se ha asomado al borde del abismo para después ver una luz, y un estallido de colores fluyendo enmarañado para brindarle más momentos felices, de esos chiquititos, de esos que encuentras cuando menos buscas, de esos que te hacen querer existir, vivir.

Por eso, yo quiero ser Superman.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Memorias de una hormiga rebelde

Desde lo alto de una azotea se ve mejor la metrópolis. Los coches, esas pequeñas e insignificantes motas de luz que se difuminan en la distancia, serpentean como un endiablado pájaro en un incesante batir de alas. Todos pasan, nadie espera. Ajetreo, murmullo. Ruido, ajetreo. Un torrente inacabable de prisas, luces y pitidos en la sucia bruma de la contaminación urbana. Por las aceras, viandantes que se entrechocan, se maldicen, se enfurecen entre murmullos. La gran ciudad nunca duerme; pero si en algún momento despertase, sería en este. Sin embargo, los bostezos de una vida tranquila no interesan a la muchedumbre febril por su locura.

Siempre te cuentan que las hormigas son el mejor ejemplo a seguir: trabajar hasta la saciedad. Ahora sé que la vida de una hormiga no puede ser feliz, por la total ausencia de tiempo que compartir con el resto de hormigas (fuera del trabajo, claro).

Profundo valor

La muerte se agolpaba en sus pensamientos, mientras abría, temblando, el segundo cajón de la cocina. Dudando, con el miedo aún rezumando su herida, tuvo el valor de darse la vuelta para avistar por última vez los retazos de aquel monstruo en el que se había convertido su marido.

¿Buenos o Malos?


"El vicio está en los extremos. La virtud, en el punto medio"


El mundo es un enorme conjunto de elementos que se contraponen: el día y la noche, la luz y la oscuridad, el frío y el calor, la felicidad y la tristeza...de forma que esto también sucede así con el bien y el mal. En la naturaleza del hombre hay iniciativas perversas, al igual que también hay sentimientos bondadosos. Todos los humanos somos como ese ying yang, pues poseemos dos mitades en nuestro interior, de tal modo que una sin la otra no puede existir, nos haría sentirnos incompletos.

Indudablemente, los humanos tratamos de guiarnos por la ley del mínimo esfuerzo: para recorrer la distancia entre un punto y otro, seguimos la línea recta, que nos hará más rápido y sencillo el trayecto. Sin embargo, en algunas situaciones, el humano se ve obligado a elegir entre seguir el camino fácil o seguir el camino correcto. En el caso de la carretera, por ejemplo, no sería correcto invadir la propiedad privada de algún individuo en nuestro recorrido, aunque fuese más corto. Pero, por supuesto, eso conllevaría a un mayor esfuerzo del humano, que tendría que buscar un camino más largo y duradero con el fin de respetar la propiedad del individuo.

En ese tipo de acciones es donde se muestra qué parte domina en el humano: la parte iluminada y bondadosa, o la parte oscura y malvada.

Al contrario de lo que se suele opinar, cada persona debe alcanzar el equilibrio entre ambas partes para lograr la plena felicidad. Por ello, y aunque parezca contradictorio, cada persona debe tratar de mejorarse buscando el lado bueno, pues el lado maligno nos suele resultar más seductor con sus trampas y emboscadas, ya que tira de nosotros mediante las ensoñaciones de placeres totalmente individuales, sin mirar hacia el colectivo. Es decir que, en conclusión, el lado maligno es el más difícil de dominar, y sólo proporcionando mayor fuerza al bueno, podríamos mantener el equilibrio con el provocador mal, que luchará por pervertirnos en cualquier momento.

En cambio, si nos dejamos llevar por nuestros impulsos egoístas, surgirá de nosotros nuestro extremo vicioso, más tarde o más temprano, dependiendo de la fuerza que tenga cada parte. Por tanto, como humanos conocedores de la luz y de la sombra, debemos tratar de guiarnos en este jardín de rosas y hierbajos, por los dictados de nuestro corazón, pues este mantiene confinados en su interior la magia de los buenos sentimientos, de manera opuesta a la mente, que encierra consigo, además de grandes conocimientos, enormes tentaciones que habremos de vencer, como si de cegadores muros se tratase. A pesar de todo, tan sólo la existencia de ambas, mente y corazón, combinadas en equilibrio, pueden llevarnos a la felicidad.

El corazón camina en una dirección. La mente, en otra. El punto medio de ambas es la armonía de la Humanidad.

martes, 24 de agosto de 2010

La vorágine de la sociedad


No ha sido fácil.

Esa es la respuesta que me gustaría dar a la pregunta que nadie me hace. El pueblo quiere saber cuánto tiempo llevo con mi chico. Cuando respondo "2 años y medio", el pueblo, anonadado y estupefacto ante la respuesta, exclama con honda sorpresa: "¡HALA! ¡Cuánto tiempo!" Y ese es el detalle que busca el pueblo. El pueblo no te pregunta si has sido feliz; ni tampoco si sigues igual de ilusionada que al principio; aún menos cómo te hace sentir él, no. Al pueblo lo que le interesa es si habéis hecho el amor alguna vez, qué marca de preservativos usáis y si tenéis algún problema durante la cópula que sea de interés para todos aquellos y aquellas que, demasiado frustrados por no poseer una vida propia, ansían cada día la llegada del boletín informativo de la cotilla más amargada del barrio, que casualmente, es a quien mejor se le da hurgar en los triunfos y los sinsabores del resto de gente. ¿A dónde estamos llegando? Ya nadie se interesa por lo que sientes o lo que piensas; a nadie le importa si estás bien o mal, feliz, triste o deprimida; sino tan solo los detalles inútiles y materiales de tu existencia, cuanto más dolorosos y/o morbosos, mejor. Qué pasa cuando aquellos a los que llamamos amigos sólo acuden cuando poseen algo de valor para quitártelo, algo de su interés, para arrebatártelo, o cuando estás más débil y herido estás, para meter sus dedos, sus manos, sus brazos en tus llagas hasta que sientas tanto dolor, que acabes vomitando la causa de tus penas junto con algunos pedazos de tu torturado corazón que en esos momentos sólo quiere amor. Si deseas soledad, no te preocupes, allí acudirá el pueblo para atosigarte hasta que pierdas los nervios y la cordura, y termines por atacar a alguien que casualmente quiso interesarse inocentemente por ti y así poder alimentar más el aquelarre del domingo. Si buscas ayuda, siéntate a esperarla, pero ponte cómodo, porque verás que de pronto todos desaparecen de tu lado, por puras coincidencias, claro. Pero no te sorprendas de que al tocarte la lotería tu casa esté a rebosar nuevamente, porque un pellizco de dinero o una fiesta nadie se lo pierde.

Y todavía seguimos negando ser una sociedad materialista, hipócrita y fría, donde no queda hueco para los sentimientos de amor, amistad o lealtad, y donde se presume de ser solidario y altruista, toma ya, junto los dos pilares más quebrados y desgastados de la Humanidad.

Porque esto es un llamado a la reflexión; a intentar cada día ser un poquito mejor; a salir a la calle sin preocuparse por disfrazar el cuerpo y fijándonos más en forjar el alma; a mirar a las demás personas sin desprecio, violencia o inferioridad; tratando de comprender que el amor no es como un mercado, donde lo más importante es que te quieran, sino sentirlo como verdaderamente es: hacer sonreír al otro, abrazarlo, ayudarlo, tenderle la mano si se cae, interesante no en los detalles más morbosos de su historia, sino en cómo se siente, qué piensa y qué es lo que le hace falta.

Porque es difícil, por supuesto, pero nadie dijo que ser feliz fuese fácil. Porque es más sencillo pensar que el mundo no se puede cambiar, a intentar hacerlo. Sí, yo también pienso que la verdadera valentía está en perseguir un sueño aunque todos los demás digan que es IMPOSIBLE.

lunes, 9 de agosto de 2010

Un instante de una torturada existencia

Déjame vivir. Deja de aplastarme el corazón contra el pecho, cruel, maldita. Deja de meter tu daga en mi herida, sádica, cínica. Déjame recorrerte, volar sobre ti como si no existieses, hedionda, fétida y supurante llaga. Tú, que me impides verle, tocarle, besarle. Tú, que insultas con tu presencia a la razón de toda existencia, ¿por qué no desapareces, por un segundo, tan solo? ¿Por qué no te haces a un lado y te burlas junto a mí de las leyes que rigen el universo? Desafiémos la física, la química y todas las ciencias de este mundo conocido; permíteme deslizarme por tu abismo abigarrado de obscuridad sin fin, rompe de una vez tu siempre rutinaria rutina y déjame imaginar que sueño que viajo hasta encontrarle. Si quieres, ahora yo puedo ser tu amiga, maldita compañera de viaje compelida, con la única condición de que consientas que mi rostro descanse en su pecho, azabachada sombra de otros tiempos, condenada portadora de amarguras, concédeme un solo deseo: haz posible que duerma en sus brazos, esta última noche de trena, nueva amiga, nueva esposa, dama de negros velos y olvidos, tan deseada, a veces, tan anhelada, tan repelida y tan temida bruma.

Sabes que siempre será tuyo mi último respiro, Muerte, pero otórgame ese vedado instante de un beso furtivo, codiciado, prohibido.


sábado, 7 de agosto de 2010

Mentes científicas

Cuando tiene lugar un cambio, lo lógico es buscar las causas que lo producen, sin lamentarse de que haya ocurrido.

De las mentes que huyen del dinero y de los dineros que pueden comprar mentes

Pasaría una eternidad antes de que ella se incorporase y dejase de mirar aquellos ojos tallados en cristal. Esos ojos que no prometían palacios, ni estrellas. Esos ojos que tan sólo anunciaban saberes, a los cuáles sólo se accedía pagando cuantías que cualquier persona mediocre desearía tener en su cuenta bancaria. Sólo entonces, cuando atravesó el umbral de la puerta, se prometió a sí misma que conseguiría la beca. Fuese como fuese.

jueves, 5 de agosto de 2010

El hombre que parecía de piedra

Sólo tenía dos opciones: tratar de vivir esperando su regreso o tratar de encontrar en la travesía de los Siete Mares a un hombre que hiciese el amor como él. Al elegir la segunda, condené a mi destino, sabiendo que jamás podría comparar un acto sexual que no había hecho.

Contraseñas

Una febril y calurosa noche estival, ella languidecía frente al ordenador, después de arduas horas de búsqueda frenética. Pero en un instante esclarecedor, las piezas del puzzle encajaron por fin. Una sonrisa resplandeciente iluminaba su rostro, sudoroso, pálido. Había descubierto la identidad del asesino, que cruzaba en ese instante el umbral de su puerta.

Buscando la Fama

Tras horas interminables de paseo, se me ocurrieron miles de cosas, cada cual más improbable que la anterior. Hasta que un día conseguí aparecer en la tele, como pichichi de un partido que nunca llegué a ganar. Y todo para que él me viera, en la distancia, y se sintiese orgulloso de mí.

martes, 3 de agosto de 2010

7 letras

Ahora que estás lejos me doy cuenta de cuánto te quiero. A todas horas noto un martilleo incesante en el corazón, que no me deja dormir, sentir, vivir. Cada vez más me arrepiento de no haberme quedado con aquel pequeño recuerdo tuyo, para que hubieras tenido que venir a por él. Me muero de impotencia sólo con imaginarte tumbado al sol estival, de la mano de cualquier chica más guapa, más madura, más mujer que yo. Porque a mí no me importa la distancia, como nunca me importó la edad; pero no sé si sientes lo mismo o es una ilusión, una neblina etérea, pasión, amor, no sé si estás lejos o estás cerca de mí, porque te veo en todos los recovecos de mi pensamiento, en cada esquina de mis recuerdos, en cada cristal de mi memoria, y sólo puedo preguntarme dónde estás, qué estarás pensando, qué estarás mirando y si serás feliz con tu horizonte o desearás un poco como yo que el tiempo pasado regresase al presente, y que no existiesen formalismos ni barreras que prohibiesen este sentimiento, y poder besarte sin pensar, mirar o imaginar que nos descubren, y amarte en la soledad de mis noches vacías, donde el ruido se confundiese con la brisa al entrechocar con las copas de los árboles, y decirte lo bonita que es tu sonrisa, y cuánto hace galopar mi corazón, y poder tocarte como nunca nadie lo haya hecho, olvidando que con dieciséis años recién cumplidos, nadie te tiene en cuenta, salvo aquellos que buscan aprovecharse de ti o aquellos que matarían por tener tu juventud, olvidando la forma de nuestros cuerpos en un sinfín de sueños, miedos y burbujas entrelazadas. Y olvidando también que ni siquiera estos encuentros han sido reales, sino solo una sombra de lo que alguien dijo que algún día una febril mente adolescente podría llegar a soñar. Olvidando todo, sólo recuerdo que te quiero.

Córdoba

Es difícil transmitir con simples palabras la majestuosidad del paraíso, pues este lugar no contiene láminas de oro que cubran las paredes, ni piedras preciosas incrustadas en las columnas. No, nada de eso. El paraíso que yo he conocido es un edén de la mente, un disfrute sin límite y un frenesí de carcajadas que nublan las penurias de la vida. El paraíso que yo he conocido, el que acabo de dejar, aquel al que quizás nunca vuelva, sólo se constituye de jóvenes emprendedores, de almas investigadoras, de mentes científicas, y por encima de todo, de personas. Sí, he tenido la enorme suerte de hallar amistad, nobleza y simpatía en el idilio de la razón, en el palacio de los saberes, en un pequeño e insignificante Campus que se desdibuja sobre el crepúsculo de Córdoba. Casualidades del destino hicieron que yo acabase allí, del mismo modo que casualidades del destino hicieron que me encontrase con las mejores personas del mundo, todos y cada uno de mis compañeros.

Al principio, el miedo dio paso a especular, imaginar, tratar de predecir el futuro. Nos asaltó la sensación de agobio, tedio, aburrimiento. Nos sentíamos solos, dando vueltas en una cama demasiado pequeña e incómoda, en el interior de un habitáculo frío y vacío, sin vida. Pero poco a poco, entre SUDOR, sonrisas y lágrimas, fuimos creando lazos invisibles, vínculos irrompibles que no se romperían jamás, ni por toda la distancia que pudiésemos poner entre nosotros. Porque entre chaparrones de hielo, partidas de cartas y observación de UN HUEVO, iba naciendo entre nosotros un sentimiento: la amistad. Una amistad que se convertiría en eterna, a pesar del dolor de los kilómetros, porque aunque todos sabíamos que nunca volveríamos al paraíso, también sabíamos que nada era imposible y que estaríamos dispuestos a desafiar todas las reglas del destino, si fuese necesario, con tal de volver a vernos.



martes, 13 de julio de 2010

Orgullo español


20:30 del día más glorioso del mundo: 11 de julio de 2010.

Miles de corazones bombeando sangre a un ritmo frenético.
La final del Mundial había comenzado. Y el sufrimiento también

Poco a poco la emoción se extendía a los innumerables ojos que se clavaban en 22 jugadores, 1 balón y 1 árbitro un poco deficiente, en España, en Sudáfrica y en cada rincón de nuestro globo.
Frente a televisores o pantallas gigantes, en el bar de siempre, en la plaza o en casa, incluso en vivo y en directo, cientos, miles, millones de almas apoyaban fielmente a nuestra selección. La Marea Roja había despertado.

Nos esperaban nervios, angustia, desesperación y miedo. Sobre todo miedo. Miedo al fracaso, a la interminable prórroga, a los penaltis y a despertar del sueño que estábamos viviendo.

Pero entonces, tras sufrimientos inacabables e incontables ocasiones de gol, llegó el minuto 115 y el pulso se aceleraba, cada vez más, mientras el tiempo corría y nuestra Roja se acercaba a la portería, y al fin un pase de Torres a Fábregas y de nuevo a Iniesta y...¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!!
Un desborde de alegría, de lágrimas y abrazos, el bramido de las vuvuzelas, las canciones, el calor del triunfo, un instante de euforia, un frenesí eterno, un torbellino de sensaciones que se unían a un mismo compás, con un mismo pensamiento, un mismo ideal, a una misma voz...

ESTOY ORGULLOSO DE SER ESPAÑOL

jueves, 8 de julio de 2010

El cristal de una ilusión

Dolor, amor, es lo que siento. Tú preguntas, yo respondo. Dolor, sólo dolor. No sé si estás lejos o estás cerca. No sé siquiera si existes, si eres real o sólo eres uno más de los eternos fantasmas de mis SUEÑOS. ¿Por qué me persigues? ¿Qué intentas decirme? Me confundes, me enloqueces, me alteras el pulso, la sangre, el corazón. ¿Quién eres? ¿Por qué no puedo responder a esa pregunta, como el día en que te vi por primera vez? Todo ha cambiado, y a la vez todo sigue igual. No puedo seguir fingiendo que no hay problemas, que no hay maldad. No puedo continuar con esta tragicomedia de índole griega. No puedo ignorar por más tiempo que desconozco tu nombre. Porque dudo si tu nombre es el que debería ser y no un juego, un cruce de palabras malversado por el destino...Dudas y dolor. Sólo eso. Un continuo caudal de heridas que desangran mi pobre corazón, que ya no aguanta más este incesante delirio de pasión. Me resquebrajo, poco a poco. Me desvaneces. Me matas un ápice cada segundo. Despacio. Muy despacio. Con una lentitud de locura cuasi inimaginable. Pero aún en la agonía más punzante y cruel que jamás podré soportar, reconozco que amarte ha sido el mejor de todos los errores que he podido cometer.
Siempre te querré.

Las alas de una mariposa

Si pudiera volar, sería una mariposa. No me importaría ser la más grande, o la más pequeña, la más bonita o la más sencilla. No. Sólo me contentaría con ser una mariposa. Las mariposas no sobrevuelan las nubes, no ven el mundo desde lo más alto del cielo, sino que pasean, danzan, planean entre las briznas de aire y hierba de nuestro mundo terrestre, miserable y sucio. Pero ellas se levantan lo justo para poder ver cómo somos en realidad, de cerca. Si yo fuera mariposa, no volaría alto, pues me olvidaría del resto de seres del mundo, y no podría deleitarme al contemplar las miradas de otras vidas, los vestigios de otros mundos, encerrados en tan sólo un par de ojos. Pero esa no es la única razón por la que ser mariposa. Si hay algo realmente fascinante de sus alas es de donde proceden. Antes de volar, el destino les regala un precioso lapso siendo orugas, los seres más cercanos al suelo, obligados a arrastrarse para sobrevivir, con el único amparo de la lluvia y el sol, exponiéndose a todos las adversidades de la creación. Pero al fin, un prodigioso día, al despertar de una pesadilla continuada, abren sus alas al mundo, para volar sobre el pequeño universo de la vida, sabiendo que la magia puede surgir de las cenizas, porque sólo basta con desear volar para conseguirlo...

Por eso, yo sería una mariposa.

Una historia sin fin

Meses atrás, me prometí a mi misma que cuando regresara no volvería a jugar con él. Que no estaría cuando él me llamase. Pero no sucedió así. Caí en su trampa. En un descuido, desperté lo que hacía tiempo había condenado al sueño eterno. Simplemente sabía que era sólo un juego, que yo movía las fichas. Pero tan sólo unas palabras lograron que dudase de nuevo. Y era un juego, claro, pero de fuego. Notaba el peligro en el aire, en mí misma. Tendría que nadar contra lo imposible. Pero, esta vez, no estoy segura de saber si resistiría contra la tormenta.


Sólo para ti...

¿Por qué te busco y no te encuentro? ¿A dónde te has ido, en dónde te escondes? ¿Acaso nunca estarás entre los hombres, etérea sombra de tiempos mejores?

Porque todo lo que te rodea me parece irreal; no sé si existes o es una ilusión, no sé si es esperanza o es amor, no lo sé, pequeña, no lo sé. Juraría por ti todos mis hechos, de este mundo y del otro; te daría mi mano para que nada te faltase en este planeta; moriría por salvar tu existencia, tu belleza, tu justicia...Pero ya no sé si existes, si todavía estás viva, si vagas por estas tierras intrascendentes, que no saben apreciar la magia de tu presencia. No sé si estás omnipresente en nuestras conciencias o si estás en un susurro del corazón. Tengo la sensación de no haberte conocido realmente nunca, como si cualquier tiempo pasado viviese anhelando tu llegada, tal y como me siento ahora. Sin tu presencia nada de esto tendría sentido. Y sin embargo, aunque diga que no creo en ti, que no existes o que nunca llegarás, aún sigo ofreciéndote toda mi esperanza y mi fe.

Sé que vendrás, pero no tardes mucho, por favor, Libertad.


Algo más que polvo

Detrás de todos estos engranajes malditos, toda esta maquinaria montada sobre el beneficio propio y la mentira, cubierta de polvo y cenizas, es dificil no dejarse involucrar.

Hay momentos en los que se hace imposible luchar contra todo un mundo, un caudal inexpugnable de pasiones irracionales, un mar bravo que no ceja de mojar la arena con sus olas, una tormenta de gente con un mismo fin: el ir única y exclusivamente solos, apartados, víctimas de su propio interés y avaricia; a fingir que tan sólo una selecta élite de beldades humanas son dignas de respeto...Pero qué digo respeto...¡NO!
Respeto no se tiene a nadie, ya no se lleva... Adoración sería el término correcto. ¿Y todo para qué? Para darse cuenta algún minuto de algún desgraciado día de su existencia de que están solos. Completa y absolutamente solos, como lo estamos todos en realidad. Absortos en nuestro propio mundo, que creemos feliz, porque no hemos conocido la felicidad de ser una gota de agua formando parte de un océano. Unidos, iguales.

Pero no os dejéis engañar amigos. Porque quizá detrás de esto, haya algo más que polvo.



Tal vez...

...nos encontremos en algún momento, en la puerta de atrás del jardín del Edén, cansados, quizá, de ese mundo tan perfecto y tan aburrido...puede que entonces dejemos de ser ángeles para convertirnos en demonios, y jugar de una vez por todas al escondite. Dejaremos de ser buenos, lo sé. No podremos negar para siempre nuestros instintos...Sé que te mueres por morder la manzana prohibida...

¿Y yo?
Yo me muero por estar un segundo a tu lado, aunque tenga que sufrir la eternidad del infierno.

Nada. No me importa nada.




Histoires de la vie et de l'amour

Siempre nos quedará París...

Por mucho que llueva o nieve...
siempre podremos mirar atrás,
porque nadie nos puede quitar el pasado,
por suerte o por desgracia...

Los fantasmas del tiempo nos perseguirán,
allí a donde vayamos, por más que tratemos de ocultarlos.
Por eso, aunque no queramos verlo, lo único que poseemos es ese momento de gloria vivido, ese instante de felicidad conseguido...

Porque pase lo que pase, siempre nos quedará París

Alice in the Wonderland

Have you ever felt like everything was just going to the wrong way?
Like everything was weird in your happy world?
Could anyone ever stop this feeling, just like time running through our lives?
Could anyone ever know how to feel if nothing was what you thought, nothing was like it seemed and nothing will never be able to return?
How would you feel if you lose your painful and beautiful world?
Would you ever miss what you left?Would you find the way even when there isn't any path to go, or anybody to wait for you?
Wouldn't you fly free through the sky, leaving all you know pass by?

LET ME FIND THE WAY TO WONDERLAND
JUST LET ME FLY IN FREEDOM
JUST LET ME FLY...



Reflejos de un espejo

Porque siempre caminamos solos, aun estando entre centenares de personas...nadie nos entenderá, nunca, jamás llegaremos a conocernos. Siempre seremos uno entre millones, una insignificante parte del universo, a la espera de ser el mundo entero para alguien, que te haga olvidar que siempre caminamos solos...Pero es así, no queda otro remedio, solo luchar para vivir y vivir luchando hasta que el camino acabe en un callejón sin salida...BIEN VIAJE, COMPAÑEROS